Crítica a la presentación del plan director
Esta revisión analiza y crítica las diferentes afirmaciones y argumentos expuestos, señalando todo aquello que, a juicio del autor, se considera mejorable, incorrecto o incierto, del mismo modo se indican aquellos aciertos o fallos cuya responsabilidad o autoría no estén correctamente atribuidos en la presentación. Así se constata en el nuevo Plan un enfoque reduccionista: Veleia como estación de la calzada, minusvalorando otros papeles trascendentes para entender la entidad histórica de aquella ciudad como es el de su excepcional carácter urbano, o el de sus relaciones económicas y comerciales, un campo en el que precisamente la arqueología, con el estudio de la cultura material ha ayudado a sacar de un cierto ostracismo la imagen de Iruña-Veleia, condenada hasta fechas recientes a una especie de irreal singularidad y autarquía, amparada en un conocimiento muy superficial de su bagaje instrumental. Se observa también un espíritu revanchista, materializado en el recurso a un discurso demagógico, en el que no se duda en pretender ridiculizar al equipo saliente. Un discurso en el que se constata una más que preocupante tendencia a condenar al olvido todo lo anterior, ya fuera bueno, mejorable o malo. Una estrategia de desgaste que es lo último que necesita el patrimonio, lo último que necesita Iruña-Veleia.
Esta revisión analiza y crítica las diferentes afirmaciones y argumentos expuestos, señalando todo aquello que, a juicio del autor, se considera mejorable, incorrecto o incierto, del mismo modo se indican aquellos aciertos o fallos cuya responsabilidad o autoría no estén correctamente atribuidos en la presentación. Así se constata en el nuevo Plan un enfoque reduccionista: Veleia como estación de la calzada, minusvalorando otros papeles trascendentes para entender la entidad histórica de aquella ciudad como es el de su excepcional carácter urbano, o el de sus relaciones económicas y comerciales, un campo en el que precisamente la arqueología, con el estudio de la cultura material ha ayudado a sacar de un cierto ostracismo la imagen de Iruña-Veleia, condenada hasta fechas recientes a una especie de irreal singularidad y autarquía, amparada en un conocimiento muy superficial de su bagaje instrumental. Se observa también un espíritu revanchista, materializado en el recurso a un discurso demagógico, en el que no se duda en pretender ridiculizar al equipo saliente. Un discurso en el que se constata una más que preocupante tendencia a condenar al olvido todo lo anterior, ya fuera bueno, mejorable o malo. Una estrategia de desgaste que es lo último que necesita el patrimonio, lo último que necesita Iruña-Veleia.
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